Abel Caballero, el superviviente del PSOE

La política, como todo en esta vida, se mide por dosis. La teoría dice que si eres aspirante a gestionar los recursos públicos debes tener conciencia ciudadana, amor por el bien común, compromiso social, consistencia, preparación académica, transparencia, autocrítica, liderazgo y ser ladino.

No basta con las buenas intenciones. Para llegar alto hay que ser astuto. Alcanzar la cima de las instituciones no es fácil.

Antes hay que moverse como pez en el agua en la vida orgánica de los partidos que participan en la vida pública a través de la representación de los votantes.

Después viene la tarea más compleja: sostenerse con el paso del tiempo y aguantar las embestidas.

Abel Caballero tiene un poco de todo eso. Podría decirse que estamos ante uno de los experimentos sociológicos más extraños que se ha dado en política.

Pertenece a la vieja guardia del PSOE, esa generación de políticos que fraguó los cimientos de la democracia española en tiempos de la Transición que ahora tanto se cuestiona por la renuncia de sus próceres al romanticismo ideológico de sus orígenes.

Fue ministro con Felipe González con apenas 40 años y ahora gobierna con mayoría absoluta Vigo, la joya de la corona de Galicia.

El secreto de un buen político es la persistencia, la tenacidad. Saberse retirar de la primera línea de fuego a tiempo y guardar discreto silencio cuando toca.

Y en eso Abel se parece mucho al actual presidente del Gobierno, aunque la diferencia es que Pedro Sánchez está donde está sin ni siquiera haber pasado por las urnas.

Vigo, una ciudad mágica de las Rías Baixas que construye barcos y coches, representa con su puerto uno de los grandes motores económicos de Galicia.

Muchos ciudadanos de la ciudad olívica han olvidado la estrepitosa derrota electoral de Abel Caballero con Fraga en las autonómicas de 1997.

Tiempos difíciles para el actual alcalde, una etapa dura de hibernación en el frío invierno, días cortos que vivió en el letargo del ostracismo, pero que quizás le ayudaron a reflexionar. Porque estas crisis, si se administran bien, son ideales para el análisis y la estrategia. Sólo hay que resistir y medir los tiempos.

Tras ese batacazo, el presagio de su muerte política, Abel Caballero empezó a renacer en el año 2005, cuando asumió la Presidencia del Puerto de Vigo.

Dos años después, con el respaldo del BNG, se hizo con la Alcaldía al primer intento quitándole el bastón de mando a Corina Porro.

En 2011, el superviviente del PSOE repitió mandato con más apoyo y, poco a poco, se fue deshaciendo de la soga de los nacionalistas.

Se acercó al PP cuando tuvo que hacerlo para sacar adelante los presupuestos municipales y en 2015 barrió en las urnas con su mayoría absolutísima.

Imagen de El Faro de Vigo. Abel Caballero, alcalde de Vigo

Abel Caballero, alcalde de Vigo

Abel Caballero despierta pasiones y recelos. Es único en su especie. Un político de vieja ralea astuto que lo mismo es entronizado que repudiado.

En Vigo, la mayor parte de la vecindad, a la vista está por sus éxitos electorales, siente pasión por él. Cae bien porque tiene el olfato más sensible para detectar inquietudes, preocupaciones y necesidades de la gente.

Baila en las fiestas y tiene bonita la ciudad, pero también cuida al Celta y se para a saludar a todo el mundo en la calle.

Movimientos tácticos en el PSdeG en año electoral

En el socialismo gallego corren tiempos convulsos, históricas luchas intestinas de poder que tienen dos bandos diferenciados dentro de una misma familia.

Por un lado el alcalde de Vigo, Abel Caballero; por otro, su sobrino, Gonzalo Caballero, que en 2017 fue aupado a la secretaría general del PSOE gallego, pese a no ser diputado, por Pedro Sánchez.

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Fotografía de El Faro de Vigo. Abel Caballero, alcalde de Vigo, conversa con el secretario general del PSdeG, Gonzalo Caballero

Hasta aquí lo que ya se sabe, después hay que escavar un poco más a fondo para conocer verdaderamente las estrategias orgánicas que se van cocinando dentro del partido cara a las elecciones municipales de 2019.

La batalla del tío con el sobrino viene de lejos, pero tuvo su máximo esplendor en la confección de las listas para las autonómicas de la Xunta en 2016.

Abel Caballero quiso dar un golpe de efecto colocando a los suyos en primera línea en Pontevedra, entre otros al secretario general del PSOE de Vigo, Abel Losada, al objeto de impulsar su liderazgo con el músculo orgánico de la agrupación más numerosa y fuerte de Galicia.

El caso es que Ferraz aplicó la cirugía y colocó en puestos de salida a Patricia Vilán, portavoz en el Parlamento, y al mismo Gonzalo Caballero.

Los enfrentamientos se recrudecieron aún más después de las elecciones, en el proceso de primarias del PSOE, cuando Abel Caballero se convirtió en el principal valedor de la candidatura de Susana Díaz frente a la de Gonzalo Caballero por Pedro Sánchez.

El final ya es conocido por todos: la vuelta de Sánchez a Ferraz y su pelea persistente hasta hacerse con el control del Gobierno tras la moción de censura que mandó a Rajoy a Santa Pola gracias a un pacto con Podemos y los nacionalistas.

La victoria de Abel Caballero dentro del PSOE

Parecía, por tanto, que estaba todo en contra de Abel. Pero todo lo contrario.

Poco después de hacerse el PSOE con el Gobierno de España, con Gonzalo Caballero y los suyos frotándose las manos para empezar a negociar los nombramientos de los altos cargos del Estado en Galicia, Pedro Sánchez se reunió con el alcalde de Vigo en su condición de presidente de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP), un cargo donde hace valer el peso de su poder municipal.

El carácter institucional de esta convocatoria revela el fuerte poder de negociación de Abel Caballero dentro de un partido que gobiernan sus propios detractores, ya que un mes después, y sin mezclar su condición de presidente de la FEMP con la que ejerce como alcalde, ha conseguido lo que quería desde la isla de Vigo haciendo virar todo el programa de Ferraz en la designación de altos cargos en Galicia.

El runrún que circulaba por Galicia era una estrategia pactada entre Ferraz y el alcalde de Vigo para colocar como delegado de la Zona Franca a Abel Losada, porque así, de esta manera, el movimiento de las listas permitiría adelantar en los puestos de salida a Gonzalo Caballero, para solucionar el problema de que no tiene representación en el Parlamento y de paso ponerle la alfombra como candidato a la Xunta.

Parecía sorprendente, pero con Abel Caballero nunca se sabe, algo estaría tramando para no perder la batalla orgánica sin más, pese a mostrar toda su lealtad a Sánchez al asumir su derrota tras apostar por la candidatura fallida de Susana Díaz.

Pero el Pedro Sánchez de ahora no es el mismo que el de antes. Ha mutado. Porque no es lo mismo estar en la oposición que en el poder. Los intereses cambian una vez que has conseguido el propósito de tus objetivos.

Y ahora el delegado en la Zona Franca se llama David Regades, el hasta ahora hombre fuerte de Abel Caballero en el Ayuntamiento de Vigo.

El control de la Zona Franca garantiza músculo inversor a Abel Caballero, un dirigente político astuto que no da puntadas sin hilo.

La gente lo quiere y todo apunta a que va a revalidar su cargo en las próximas elecciones municipales con una holgada mayoría, en un contexto favorable con el declive de las Mareas en el conjunto de la comunidad en estos tiempos que parecen dar una tregua al bipartidismo.

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