El Periodismo merece respeto

El periodismo debe ser incómodo, independiente. Tolerancia cero contra las instituciones que compran favores con subvenciones y todas aquellas empresas y agencias que utilizan a los periodistas como mercancía barata. Hay que proteger una profesión esencial para el sector privado y que en su vocación de servicio público representa la columna vertebral de la Democracia

Culpar a Internet de la crisis insoportable que está sufriendo el periodismo me parece una opinión ingenua y un tanto descabellada. Es cierto que el auge de las nuevas tecnologías ha zarandeado el modelo de negocio en los medios de comunicación, un sector que agoniza y se hunde por la caída de la publicidad, lo que está provocando una oleada dramática de expedientes de regulación de empleo y despidos en masa a bajo coste de profesionales de la información.

La información es poder. Y el poder quiere controlar la información. Pero que no se olvide una cosa: los principales clientes de los periódicos, las televisiones y las emisoras de radio son los lectores, los televidentes y los oyentes, nunca los anunciantes y las instituciones

Pero el verdadero cáncer que tiene el periodismo es que ha perdido la credibilidad ante la sociedad. Le pasa como a la política. Y gran parte de esta culpa la tienen las grandes empresas periodísticas y los que nos dedicamos a este oficio acatando órdenes. Me duele escribir estas líneas, pero es lo que pienso, y las opiniones son libres, o deberían.

Fotografía de revistamirall.com

Fotografía de revistamirall.com

Internet no ha machacado al periodismo. Más bien el periodismo se ha hecho el haraquiri. Mucho antes de que llegaran las redes sociales y de que nos invadiera el mastodonte digital los periodistas estábamos abriéndonos el vientre en canal escribiendo frente al ordenador. Redactando en papel o hablando para la televisión y las emisoras.

En esta marabunta que es Internet se hace indispensable ordenar, jerarquizar y contrastar la información, separando las opiniones de los datos, para hacérsela más comprensible a los ciudadanos y que puedan adoptar sus propios criterios

Una cosa es trabajar a gusto en un medio que comparte tus ideas y principios, pero otra bien distinta es anteponer esas ideas y principios a la máxima de la ciencia periodística: la búsqueda de la verdad con rigor y objetividad. Comercializar con la información es peligroso y cínico.

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La verdad hay que contarla, no negociar con ella para ganar dinero. Que una noticia no se cuente porque mancha la imagen de un anunciante es un atentado contra la democracia. Depender de los ingresos de una institución, una multinacional o un partido político para informar a la sociedad de un tema de interés general es mancharse de excrementos.

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Y claro, esto no es un brindis al sol. El periodismo necesita dinero para sobrevivir. Pero los billetes no deberían manejar las líneas editoriales a su antojo. Hace tiempo que la prensa dio la espalda a los lectores, que la televisión olvidó a sus televidentes, que la radio ignoró a sus oyentes.

El periodismo es la columna vertebral de una sociedad democrática. Sin este oficio nada existe, sólo el silencio y la represión intelectual. Estamos asistiendo al cambio de una era, un ciclo nuevo donde cada vez más se rehúye del análisis porque lo que manda es la inmediatez, la basura, la información que se cuenta rápido y sin contrastar, siguiendo intereses mercantiles.

Por eso la gente ya no compra periódicos. Porque no se cree lo que dicen. Y eso es grave y triste. Y doloroso.

Afortunadamente, cada vez hay más concienciación con la aparición de nuevos medios que no dejan a un lado a sus verdaderos clientes, los ciudadanos. Y esto no es ojana. Es libertad. Porque en mi blog escribo lo que me da la gana.

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