Aroma a libertad en Don Remondo

Habían salido a cenar con unos amigos, pero no pudieron llegar a casa. Tenían 37 años y tres hijos pequeños. Un matrimonio joven con toda la vida por delante. Caminaban una madrugada del 30 de enero de 1998 por las callejuelas silenciosas del barrio Santa Cruz de Sevilla. Las ilusiones de una madre, Ascensión, y de un padre, Alberto, que pararon su reloj camino a casa tras recibir ambos sendos tiros en la nuca en la calle Don Remondo. Veinte años después sigue conmoviendo el asesinato, convertido hoy en uno de los símbolos de las barbaries de ETA y de la resistencia política y social en torno al Estado de Derecho.

Fotografía de la COPE. Ascensión García Ortiz y Alberto Jiménez Becerril tendrían ahora 57 años

Fotografía de la COPE. Ascensión García Ortiz y Alberto Jiménez Becerril tendrían ahora 57 años

Mikel Azurmendi y José Luis Barrios, dos cobardes asesinos terroristas, mataron por la espalda al concejal popular y la procuradora sevillana, con la ayuda de Maite Pedrosa. A sangre fría siguieron las órdenes de José Javier Arizcuren, alias Kantauri, jefe militar de ETA y responsable del Comando Andalucía, un criminal sanguinario.

Con estas palabras levanto un monumento en homenaje a su valentía, para agradecerles su paso por esta vida, porque en Don Remondo, aún a día de hoy,  se respira aroma a libertad

El sistema judicial español agrupó a los terroristas en una cárcel granadina. La etarra pudo así vivir con su hija recién nacida hasta los tres años. Estando en pleno debate la derogación de la Doctrina Parot, con las concesiones, el acercamiento de presos y la llegada de ETA a las instituciones observábamos con angustia cómo salían los terroristas de las cárceles.

Este texto lo escribí hace años, un enero más de nuestro calendario, con el recuerdo herido de Ascensión y Alberto, víctimas de unos desalmados cobardes que matan por la espalda y que no merecen vivir. Pero tampoco morir. Porque no hay nada más violento que acostumbrarse a convivir con el sufrimiento. Sin privilegios penitenciarios. Sin piedad.

La tragedia, grabada a fuego en la memoria, ocurrió seis meses después del secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco, símbolo de libertad, el hombre que consiguió unir con su adiós a toda España por una misma causa.

Miguel Ángel, Alberto y Ascensión, tres héroes. Sabían que corrían peligro porque habían recibido instrucciones para extremar la seguridad ante un posible atentado. Pero trataban de hacer su vida lo más cotidiana posible. Hasta que se cruzaron por su camino unos cobardes.

Tres ejemplos a seguir, como tantas otras víctimas. Por eso con estas palabras quería agradecerles su paso por esta vida. Gracias. No os olvidamos.

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